jueves, 31 de julio de 2008

DETRÁS DE CÁMARAS

Por Zenitram

Grandes logros en su lucha contra las organizaciones delictivas ha alcanzado la Fuerza Pública dentro del programa de seguridad democrática. Sin embargo, ¿qué andamiaje hay detrás de todos esos rotundos éxitos en los que se exalta el heroísmo y compromiso de nuestras Fuerzas?

En Colombia, país de televidentes, las principales aficiones se centran en ver telenovelas, fútbol y noticias. En esos tres espacios del entretenimiento y la información se ocupa el tiempo de ocio de la gran mayoría de compatriotas y sobre esos tres temas se habla, comenta y discute en los círculos sociales y laborales en todos los estratos y en todo el país.

Son precisamente esas aficiones las que crean celebridades, que cuando van por la calle son aclamadas por el gran público; son las estrellas distantes, las del glamour y el autógrafo, las asediadas por verdaderas ráfagas de flashes y que en algunos casos suelen andar rodeadas de escoltas; las que son perseguidas por los reporteros de todos los medios hablados e impresos porque son las que día a día nos acompañan en el hogar a través de la pantalla.

Esa celebridad hace que en el país tengamos figuras tan familiares del drama y la lágrima viva en los hogares como Amparo Grisales, Robinson Díaz, Teresa Gutiérrez, Diego Cadavid, Flora Martínez, Manolo Cardona, Margarita Rosa de Francisco, Dana García, Karen Martínez, Fernando Solórzano, entre tantos otros.

En el fútbol tuvieron su cuarto de hora y aún se mantienen en el curubito de la fama el Pibe Carlos Valderrama, Faustinio “Tino” Asprilla, René Higuita, Aristizábal, Francisco Maturana, el “Bolillo” Gómez, Iván René Valenciano, y muchos otros.

En el ámbito noticioso, se destacan figuras como Yamid Amat, Darío Arizmendi, Juan Gossaín, Julio Sánchez Cristo, Manuel Teodoro, Félix de Bedout, D´artagnan, Antonio Caballero, y claro los personajes que hacen noticia: el Presidente de la República, el Ministro del Interior, el Ministro de la Defensa, el Comandante de las Fuerzas Militares, el Comandante del Ejército Nacional, el Director de la Policía Nacional, el Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, entre los más vistos y escuchados en todos los medios de comunicación.

Sin duda, detrás de toda esa constelación de figuras del acontecer nacional hay un trabajo denodado que las ha posicionado en el sitial donde se encuentran; nadie de la noche a la mañana llega a posicionarse en un lugar de preeminencia sin haber puesto una alta cuota de sacrificio para lograrlo. Los actores, antes de ser reconocidos iconos del histrionismo debieron pasar por innumerables audiciones y castings; tocar puertas y aceptar con estoicismo y una buena dosis de optimismo el rechazo reiterado y en no pocas ocasiones incluso la humillación. Por su parte los futbolistas fueron en su mayoría niños de los barrios pobres de su respectiva ciudad que a falta de otra oportunidad mejor, incluida la del estudio, se dedicaron a entregar el alma en cualquier terreno donde pudieran practicar su deporte con los pies directamente conectados al corazón y de allí saltaron gracias a la maestría probada a los grandes escenarios deportivos.

En cuanto a los comunicadores y políticos, nada más complejo y competido que estos ámbitos donde se cuecen tantas intrigas, envidias y deslealtades pues mientras más alto sea el punto por alcanzar, más estrecho se hace el camino y mayores son las dificultades; sólo llegan quienes tienen la vocación, la abnegación, la dedicación y la audacia para enfrentar los duros retos que estas profesiones exigen en todos los pormenores del oficio.

Con mayor razón esto aplica al ámbito de los altos oficiales de la Fuerza Pública. En estas instituciones jerarquizadas, mientras más alto sea el rango, mayor es la dificultad para llegar a disfrutar las mieles –y también conocer los sinsabores– de los altos grados en el escalafón. Muchos son los que se quedan a la mitad del camino en la sinuosa ruta para llegar a la alta oficialidad; de un momento a otro se esfuman las esperanzas, se atomizan años de lucha, sólo queda la huella de los éxitos alcanzados y tienen que dejar el uniforme que portaron con orgullo durante varios años de servicio a la patria.

Por eso en esta última profesión son unos pocos los que aparecen y figuran como iconos de la pantalla chica y se convierten en los ídolos no solo de la institucionalidad, sino de la población en general. Por ello son aclamados en forma multitudinaria cuando aparecen en público. Son gajes del oficio, naturalmente y ellos reconocen que el éxito de su actividad no se debe sólo a ellos, sino a todo un equipo de colaboradores.

Pero veamos el otro lado de la moneda: para que los grandes actores puedan aparecer como dioses, con la iluminación adecuada, el maquillaje perfecto, el ángulo preciso y el encuadre justo, detrás de la aparición de cada uno de ellos en la pantalla, hay un verdadero equipo de luminotécnicos, camarógrafos, productores, ambientadores, auxiliares, editores, estilistas, maquilladores, etc. Son los profesionales anónimos que están detrás de cámaras, nunca son nombrados en los medios y por ello nadie los conoce.

Otro tanto ocurre con los jugadores de fútbol. En la calle nadie reconoce a esos personajes ignotos que en silencio aportan su esfuerzo para que cada domingo los hinchas vibren con las jugadas maestras y los goles de sus ídolos: masajistas, utileros, aguateros, recogebolas, médicos, podadores que hacen de la grama una obra de arte; obreros de mantenimiento locativo, electricistas, policías que mantienen el orden, etc. Sin ellos no podría haber partido de fútbol y por ende no habría las emociones de cada encuentro.

Ni hablar de los grandes comunicadores y personalidades de la administración pública. Detrás de todos ellos hay un completo set de profesionales que hacen posible el éxito de su labor. Para que el Presidente, el Ministro o el Alcalde puedan dar parte de alguna acción, debe contar con un equipo de colaboradores que conforman un engranaje adecuado a fin de dar resultados y presentarlos a la población colombiana. Es un complejo engranaje de ruedas grandes y pequeñas, todas debidamente equilibradas y aceitadas en su funcionamiento para alcanzar un objetivo que por indicación de su líder, debe cumplirse de manera perentoria.

Es el mismo caso de los altos mandos militares y policiales: detrás de los altos oficiales que son célebres y el país admira por su brillante gestión y liderazgo, hay miles de personas, uniformadas y no uniformadas que día a día aportan con su trabajo un ingrediente más para obtener los magníficos resultados cuya resonancia traspasa incluso las fronteras nacionales y hace eco hasta en los más remotos lugares del mundo.

Los colombianos estamos acostumbrados a ello. Noticias como la baja de alias “Raúl Reyes”, la liberación de los 15 secuestrados por las FARC, entre los que se hallaba la ex candidata Ingid Betancourt y los tres técnicos norteamericanos, la captura de uno de Los Mellizos y la baja del otro, la incautación de grandes cantidades de droga, destrucción de laboratorios, desmovilización de guerrilleros y paramilitares, entre muchas otras, son noticias que han dado la vuelta al mundo. Pero nada de ello es nuevo en el accionar de nuestra Fuerza Pública. Ya forma parte de la historia reciente del país la baja de los grandes capos de la mafia, la captura y extradición de muchos de ellos, así como la acción heroica de tantos uniformados frente a la acción terrorista de diversas organizaciones criminales.

Pues bien, detrás de todas acciones que tienen una fuerte dosis de espectacularidad cinematográfica, se encuentra la mano y el corazón de muchos colombianos, funcionarios del Sector Defensa que desde su puesto de trabajo, incluso desde el más humilde, han hecho su aporte para que todo ello sea posible y tenga éxito. Hay quienes hacen los uniformes, las botas, adecuan las raciones, fabrican las balas, las armas, hacen mantenimiento a aeronaves, vehículos, incluso quienes se encargan de las buenas condiciones de los caballos para el personal de carabineros; en el anonimato hay secretarias, abogados, ingenieros, médicos, enfermeras, técnicos, tecnólogos, personal de servicios generales y un largo etcétera. Así, mientras un General se reúne con sus hombres de confianza para montar un operativo estratégico, hay una señora anónima que les lleva a todos el tinto a su lugar de trabajo y aunque a ellos se les filtre una frase que puede ser comprometedora, ella con prudencia guarda silencio.

De todo ello podemos deducir que el aporte del talento humano en todos los niveles y jerarquías es invaluable en apoyo al programa de seguridad democrática que ha sido el abanderado del actual gobierno, para que las cosas salgan bien, como por fortuna ha sucedido. Quizá nunca veamos en televisión los testimonios del soldado, el patrullero, el auxiliar bachiller, el sargento, la secretaria, la señora de los tintos, la enfermera, la operaria que cose los botones al uniforme, el estafeta, el hombre que pone las herraduras a los caballos, el personal que mantiene los pisos relucientes, los técnicos de la informática y demás funcionarios que día a día aportan lo mejor de sí mismos apostándole a un mejor país.

Quizá por ello sería bueno revisar los archivos de nómina y evidenciar cómo en muchos casos este personal que siempre está detrás de cámaras ha sido mucho más que un convidado de piedra en las acciones de nuestras fuerzas de la defensa nacional en el propósito indeclinable de hacer de Colombia un mejor país. Tal vez la mejor expresión de gratitud a esos funcionarios que en silencio, sin ansias de figurar y a través de los años han dado todo su talento y esfuerzo, consecuentes con el mandato constitucional de lograr que los colombianos convivamos en paz, es asegurarles la estabilidad laboral, no como un regalo, sino como reconocimiento al trabajo denodado, a la lealtad permanente, la confidencialidad y reserva de la información durante tantos años. Sobre todo porque con el paso del tiempo cada grupo de trabajo termina por constituirse en una familia que al integrarse con otras “familias” dependientes del Ministerio de Defensa, conforman una especie de sociedad que aúna esfuerzos para que se den los mejores frutos de la cosecha.

Con excepción de los soldados, cuyo paso por la institución es temporal y en cumplimiento de un servicio meritorio y heroico a la patria, los demás integrantes del sector Defensa permanecen en el tiempo vinculados a su respectiva entidad a la cual aportan tanto su esfuerzo como su mística y toda una vida de trabajo que se traduce en resultados como los que ya hemos referenciado.

Quizá el alto gobierno replantee sus propósitos de someter a funcionarios que llevan 5, 10, 15 ó hasta 20 años en la institucionalidad a concursar por un cargo desde el cual ha generado excelentes resultados. Entonces entenderíamos que todos estos años de trabajo dejaron mucho más que el hecho de pertenecer a la nómina de una entidad estatal y definitivamente tantos sacrificios… valieron la pena.

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