martes, 27 de noviembre de 2007

CANONIZAR A URIBE: El opio del pueblo


A la luz transparente del rasero de la lógica, es justo promover una campaña de santificación del máximo hacedor de 1000agros en nuestro país, entre ellos baste enrostrar:


  • La desaparición (al menos en el léxico uribista) del paramilitarismo.

  • De igual forma dio pasado a la guerrilla (pues no son más ni menos que terroristas).

  • La solución del problema de los secuestrados (pues si están secuestrados, esa es la solución).

  • Disminución de la pobreza (quién dudaría de los indicadores, quién del Dane, quién de Fenalco o de la Andi).
  • Disminución del hambre (de vehículos que ahora serán alimentados con arracacha, yuca, caña de azúcar, entre otros productos que bien podrían alimentar seres humanos)

  • Solución de las diferencias limítrofes con Venezuela (tema que ya ni si quiera suena en los miedos de incomunicación).

  • Es evidente que el país esta poseido por una especie de fanatismo promovido especialmente desde los miedos masivos (o quién duda de los acertadísimos e imparciales asertos de tanto analista).

Por todo ello y mucho más que a poco iré adicionando creo imperativa la necesidad de santificar a nuestro nuevo santo patrón...


Sin duda vivimos en un estado corporativo en el que el presidente tiene poderes supremos, donde hay un poder central con las instituciones políticas girando a su alrededor. Álvaro Uribe representa el fortalecimiento del presidencialismo y se ha constituido en el mesías que como todos los santos célebres tiene sus pecadillos pero que a la larga se cree hace más bien que mal. Se pregunta uno entonces: y la democracia?, la ciudadanía? y la libertad?


No podemos afirmar que Uribe representa una especie de Hitler o Mussolini, nada más facilista y perverso, pues definitivamente la realidad y contexto del país dista de aquellos otros proyectos de imperio. Pero si es obvio que nos acercamos a una forma evidente de totalitarismo donde poco a poco se han ido haciendo las reformas necesarias para garantizar un proyecto que no favorece los intereses de las mayorías sino que a bien tiene salvaguardar los intereses de los dueños de la industria, la banca y con la muy oportuna concurrencia de inversionistas extranjeros que ven en nuestra economía la oportunidad de acrecentar sus magros capitales.


Es también preocupante el retorno de una especie de estado benefactor que financia la pobreza y promueve el estancamiento a través de subsidios y un sistema financista de cordón umbilical que le favorece la imagen pero que en el fondo no tiene políticas de progreso en firme ni de control sobre los sectores productivos.


Enceguecidos como andamos alabando los resultados de las entidades financieras, el crecimiento de la bolsa y los rendimientos del sector industrial debemos ser portadores de la nueva luz que a toda oscuridad obstruirá la capacidad de análisis de los escasos detractores (lo dicen las encuestas) para alcanzar el que sería el máximo logro nacional: Ampliar el santoral con el más ilustre de nuestros patriotas. Pan Para ran pan paz pum...

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